Oración de la Prosperidad

 

Si bien no somos muy religiosos, si nos consideramos espirituales. Y nos gusta orar, no en forma de suplica o ruego, sino como una forma de acción de gracias por lo que ya esta presente en nuestras vidas (la gratitud es de lo poco en la existencia, cuya abundancia y exceso trae alegría, paz y trascendencia).

 

Señor, Creador de todas las cosas

Ayúdame para que no pierda el camino del éxito y la felicidad

 

No te pido oro ni comodidades

Solo dame la habilidad para aprovechar mis oportunidades.

 

Enséñame a conquistar con palabras y a prosperar con amor

 

Enséñame a permanecer humilde en los fracasos

Sin perder de vista el premio de la victoria.

 

Ponme frente a temores que puedan templar mi espíritu

Pero dame el valor para reírme de mis dudas.

 

 

Dame un número suficiente de días para alcanzar mis metas

Pero también ayúdame a vivir el hoy como si fuera el último.

 

Guía mis palabras para que sean fructuosas

Disciplíname para no darme por vencido

Y ábreme los ojos para ver la oportunidad.

 

Enriquéceme con buenos hábitos

Pero dame comprensión con las debilidades humanas

 

Que comprenda que todo pasará

Pero que reconozca también cuanto he logrado hasta hoy

 

 

Exponme al odio para que no me sea extraño

Pero lléname de amor, para hacer de los extraños mis amigos.

 

 

Que todo esto sea así, si es tu voluntad

 

Debe existir un lugar para mí

 

Guíame, ayúdame, señálame el camino

 

Haz que llegue a ser todo lo que tú tenías planeado para mí

Cuando me plantaste para germinar en la viña del mundo

 

 

Ayuda a este ser, a este apasionado emprendedor

 

 

Guíame Dios, guíame Señor

 

 

(Og Mandino)

 

 

Dios mío, concédeme la SERENIDAD para ACEPTAR las cosas que no puedo cambiar... VALOR para cambiar aquellas que puedo, y SABIDURÍA para reconocer la diferencia.

 

(A.A)

 

 

"Sé paciente con todo lo que no está resuelto en tu corazón y en tus sueños, trata de amar las preguntas en sí mismas". (Rainer Maria Rilke).

 

 

¿Que es el amor? Amor es todo aquello que realza, ensancha y enriquece nuestras vidas....en las buenas y en las malas. El amor como vehículo presenta muy pocos problemas. Los problemas surgen con el conductor, los pasajeros y el camino. (Franz Kafka).

 

 

En este video, y a propósito del proceso de paz en Colombia, nuestra historiadora favorita (Diana Uribe) hace un breve y excelente resumen comparativo sobre algunos famosos procesos de paz en el mundo (en Irlanda, Sudáfrica, Ruanda y Chile). Su conclusión es que, por difíciles que sean las circunstancias, no hay pueblos condenados a vivir en guerra. Vea el video aquí

¡ Un caso perdido, que decidió no serlo ! 


Texto de Plinio Apuleyo Mendoza (en su libro “La llama y el hielo”) sobre Gabriel García Márquez:

 

 

"Todo en su vida parece haber correspondido a una estrategia previamente diseñada.

 

Todo lo suyo parece haber sido largamente reflexionado. Veinte años esperó para escribir Cien Años de Soledad, 17 años median entre la idea de escribir El Otoño del Patriarca y el día que escribió la última línea del libro.

 

No hay duda de que ha sido terriblemente exigente consigo mismo: cada manuscrito suyo ha pasado por todos los filtros, hasta quedar seguro de que no le falta ni le sobra una sola coma.

 

“Se que estas escribiendo sobre mi", me dice gabo, "se que piensas decir que todo lo tenía previsto en la cabeza. Pues..... no ha sido así”.

 

“Yo no sabía, te lo juro, hasta donde podía empujar el carro. Simplemente me levantaba cada mañana, sin saber que iba a ser de mi, y lo empujaba; un poco mas, siempre un poco mas, sin saber si llegaba o no. Sin saber nada de nada. Era como ese cazador del cuento de Hemingway que sale a matar al tigre y se lo encuentra, y temblando levanta su rifle, y temblando lo mata”.

 

“La verdad es que todos los días de mi vida me he despertado cagado del susto. Pero no tenía mas opción que matar al tigre” (era un caso perdido que había decidido no serlo).

 

“En últimas todos tenemos que matar al tigre, y si lo hacemos, lo hacemos temblando”.

 

Pero del miedo nacen los valientes, del fracaso el triunfo, de la adversidad la dicha.

 

Decir que el dinero no cuenta para nada es tonto, pienso inclusive que es bastante agradable tenerlo de sobra. Pero que triste es entregarle a esta sola ambición lo único que uno en realidad tiene: La Vida.

 

Que alienación gastar la vida vendiendo, comprando, importando, exportando, comiendo con personas que no nos interesan, sentándonos ante banqueros de pelo gris en alfombrados despachos para gestionar préstamos y cartas de crédito.

 

Mas bien invertiría mi tiempo mas gustosamente escribiendo un poema o un libro, componiendo una sonata o una canción, o pintando un cuadro (¡ si pudiera pintar ¡), o montando una obra de teatro o haciendo una película. En todo esto hay una oportunidad de decir algo que sea de verdad real e imperecedero, de poner una piedra que la corriente del tiempo no se lleve nunca."

 

 

 

 

 

¡ Parca, Vade Retro ¡ (Humilde Homenaje a Don Quijote)

 

Por: Manuel V Becerra

 

Pues sí, de puros queridos les vamos a ahorrar el trabajo de leerse El Quijote, (y de paso les ahorramos también el costo del curso de lectura rápida). Claro que también van a perder la oportunidad de reír a mandíbula batiente con las aventuras del hidalgo caballero.

 

 

Y ahí les va el primer mandoble (si esto tuviera música, en este preciso momento sonaría un redoble de tambor): para entender el mamotreto de Cervantes lo único que hay que leerse es la última página.

 

 

La clave de toda la novela se encierra en unas cortas palabras que el buen Sancho le dice a su amo en su lecho de muerte:

 

“No se muera vuesa merced , señor mío, tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede cometer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben - sino las de la melancolía”.

 

Don quijote ha recobrado la cordura y se dispone a morir sensatamente como todo buen cristiano que se respete. Nuestro héroe ha claudicado y ha colgado los hábitos. Su desigual lucha contra lo rutinario y lo “realista” ha terminado.

 

 

¿Se dan cuenta?........... Don quijote es el Santo patrono y mártir del emprendimiento humano, el sumo sacerdote de la vida con propósito.

 

 

Para un espíritu libre como el de él, la verdadera locura consiste en dejar de cabalgar en Rocinante y echarse a morir victima de la enfermedad del “no hay más remedio” y a manos de la letal melancolía. Despeñándose por el abismo de la sensatez, volvió a ser simplemente Alonso Quijano y perdió la fe en sí mismo.

 

 

La saludable locura quijotesca opta por la caballería andante, pero aún con todos sus quebrantos y frustraciones nuestro héroe siempre da la impresión de estarse divirtiendo prodigiosamente en todas sus fracasadas hazañas.

 

 

Pero la novela no es un libro melancólico, el objetivo de Cervantes es precisamente lo contrario: denunciar y combatir la melancolía, que es una enfermedad mortal propia de quienes comprenden lo inútil de todos los esfuerzos y razonan que hagamos lo que hagamos siempre todo será insuficiente y siempre quedara demasiado por hacer. La conspiración injusta del universo contra nosotros, dicen ellos, terminará siempre por abrumarnos, así que tanta pena no valdrá la pena y la melancolía nos obligará a vivir siempre con un pie en la tumba.

 

 

Pero Don quijote desafía la melancolía con sus lances delirantes y sale a arreglar el mundo y a defender al indefenso, dando ejemplo de la más alta y leal amistad con Sancho, y yendo en la búsqueda incansable del amor perfecto representado en su Dulcinea. Actos estos cargados de valentía (en un mundo basado, desde la época de Cervantes y mas allá, en el “sálvese quien pueda”, “mire a ver como le hace” y “el vivo vive del bobo”)

 

La historia, en fin, no es la crónica de un fracasado, sino la de un triunfador y su éxito arrollador: Alonso Quijano se convierte en Don Quijote para escapar de la mortal melancolía que le amenaza en su mediana edad, ¡ y lo bonito es que lo logra ¡ . Mientras se mantiene quijotesco vive y hace vivir con intensidad a su alrededor, no importa que fracase… lo que cuenta es el ánimo que lo mueve y no los resultados (que siempre se vuelven antes o después contra él). Nuestro héroe hubiera fracasado si no hubiera vencido a la pereza paralizadora.. y nuestro hidalgo es cualquier cosa menos perezoso. Don quijote no muere de quijotismo, sino de renunciar a serlo. El estrafalario caballero que fue, se convierte en símbolo del esfuerzo humano por superarse a sí mismo.

 

 

Cervantes no escribe para burlarse de Don Quijote sino para burlarse de los que se burlan de los quijotes. Así, la novela es una obra festiva y no un lamento lúgubre sobre la condición humana (y esto lo sabe todo niño que en la playa levanta una muralla de arena para contener el mar).

 

 

Por eso: ¡ Parca, Vade Retro ¡.

 

Para negarnos la muerte hay que elegir una empresa, una cruzada, un propósito que nos haga deambular por la faz de la tierra (inclusive si sabemos que lo único seguro es que tarde o temprano dejaremos de respirar). No es posible ser inmortales pero si podemos vivir como si mereciésemos la inmortalidad, como si nada en nosotros estableciese complicidad con la muerte o le rindiese vasallaje.

 

 

La novela, en fin, es un sí rotundo a la vida y muestra una antipatía total por nuestra enemiga declarada………..la muerte.

 

 

 

 

Elogio de la dificultad

 

Por : Estanislao Zuleta

 

La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.  



 

Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica.  



 

Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.  



 

Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.  



 

En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.  



 

En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.  



Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.



El otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo, hasta el punto en que ya no solamente se rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo esta contra mí.



El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo. Pero el respeto es siempre el respeto a la diferencia.



Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.

 

La dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades, porque nos evitan la angustia de la razón.



Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:



"También esta noche, tierra, permaneciste firme.
Y ahora renaces de nuevo a mí alrededor. 
Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia".

 


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